THE GROUP OF GODS From Anthropology to Group Psychotherapy

An encounter with Mestre Didi
Emilio Rodrigué


La existencia de Dios me persigue con sus marchas y contramarchas. Pasados los años, esta seria mi última colocación.

Yo era un chico lindo, medio idiota, contemplativo. Mi madre me llevaba todos los días a misa. Permanecía absorto, en el silencio de la catedral, bajo el efecto de esa droga mística que es el incienso. Alzaba la vista e me veía en el cielo, junto con mi Madona. Esa folie a deux teística duró varios años. Luego, adolescente, me pasé al otro lado de una forma radical e iracunda, quemando estampas en el lugar del incienso y comiendo obispos. Ese extremismo no duró mucho. No podía durar, soy manso lo suficiente para no martillar sobre una nota sola. Con el pasar del tiempo me declaré agnóstico.

Mi agnostisismo continua vigente con oscilaciones. En las últimas décadas la posibilidad de un Dios posible había aumentado. Los adelantos de la genética muestran una complejidad biológica espantosa. Todo comienza en 1953 cuando Watson y Crick descubren la doble estructura helicoidal del DNA. Luego entre 1961-4 el código genético fue descifrado. La complejidad y belleza de ese código cuaternário hace de la Rosetta Stone un beaba. La prodigiosa estructura de la hemoglobina que con su secuencia de 574 moléculas de aminoacidos enhebrados compone poéticamente nuestra sangre. Pensé entonces, que la sopa primordial por más polimorfa y exuberante que ella fuese, nunca podría arquitectar un lobo o un \gorrión, mucho menos una mujer. Luego existe una inteligencia en el universo, un hacedor de milagros, un Dios.
Ahora dudo nuevamente después de ler a Richard Dawkins [R Dawkins, The Selfish Gene]. Está, para dar un ejemplo, la historia de as luciérnagas. Primero tenemos el maravilloso talento genético que todas las luciérnagas tienen de producir luz en la barriga, cosa que ninguna belly dancing consigue. Bien, hay varias especies de luciérnagas y cada una posee su código de emisión pulsátil de luz, su dialecto como dicen los etólogos. Esa emisión codificada parte de la hembra para señalizar su presencia al macho. Mas existe una especie de luciérnaga pirata que aprendió el dialecto de otra especie y lo emite. Cuando el pobre macho se presenta, con sueños de sex and glory, la hembra lo come vivo. Peor que las mujeres de Almodovar que matan haciendo el amor. O sea, se trataría de un Dios canalla que se diverte con canalladas. Creo que ese argumento lo llevó a Darwin a no acreditar en un Ser Supremo. Ese me parece un serio argumento.

De tener que definir me, a esta altura del campeonato, yo diría que no descarto la existencia de un Dios canalla.










 

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