| La existencia de Dios me persigue con sus marchas y contramarchas.
Pasados los años, esta seria mi última colocación.
Yo era un chico lindo, medio idiota, contemplativo. Mi madre
me llevaba todos los días a misa. Permanecía absorto,
en el silencio de la catedral, bajo el efecto de esa droga mística
que es el incienso. Alzaba la vista e me veía en el cielo,
junto con mi Madona. Esa folie a deux teística duró
varios años. Luego, adolescente, me pasé al otro
lado de una forma radical e iracunda, quemando estampas en el
lugar del incienso y comiendo obispos. Ese extremismo no duró
mucho. No podía durar, soy manso lo suficiente para no
martillar sobre una nota sola. Con el pasar del tiempo me declaré
agnóstico.
Mi agnostisismo continua vigente con oscilaciones. En las últimas
décadas la posibilidad de un Dios posible había
aumentado. Los adelantos de la genética muestran una complejidad
biológica espantosa. Todo comienza en 1953 cuando Watson
y Crick descubren la doble estructura helicoidal del DNA. Luego
entre 1961-4 el código genético fue descifrado.
La complejidad y belleza de ese código cuaternário
hace de la Rosetta Stone un beaba. La prodigiosa estructura de
la hemoglobina que con su secuencia de 574 moléculas de
aminoacidos enhebrados compone poéticamente nuestra sangre.
Pensé entonces, que la sopa primordial por más polimorfa
y exuberante que ella fuese, nunca podría arquitectar un
lobo o un \gorrión, mucho menos una mujer. Luego existe
una inteligencia en el universo, un hacedor de milagros, un Dios.
Ahora dudo nuevamente después de ler a Richard Dawkins
[R Dawkins, The Selfish Gene]. Está, para dar un ejemplo,
la historia de as luciérnagas. Primero tenemos el maravilloso
talento genético que todas las luciérnagas tienen
de producir luz en la barriga, cosa que ninguna belly dancing
consigue. Bien, hay varias especies de luciérnagas y cada
una posee su código de emisión pulsátil de
luz, su dialecto como dicen los etólogos. Esa emisión
codificada parte de la hembra para señalizar su presencia
al macho. Mas existe una especie de luciérnaga pirata que
aprendió el dialecto de otra especie y lo emite. Cuando
el pobre macho se presenta, con sueños de sex and glory,
la hembra lo come vivo. Peor que las mujeres de Almodovar que
matan haciendo el amor. O sea, se trataría de un Dios canalla
que se diverte con canalladas. Creo que ese argumento lo llevó
a Darwin a no acreditar en un Ser Supremo. Ese me parece un serio
argumento.
De tener que definir me, a esta altura del campeonato, yo diría
que no descarto la existencia de un Dios canalla.
|