El trabajo psicoanalítico en encuadres de más de dos personas plantea posibilidades y problemas específicos, que imponen una redefinición de algunos conceptos básicos de nuestra especialidad. Me propongo aquí hacer algunas reflexiones sobre el de inconsciente. Esta líneas continúan otras que pergeñara antes (Bernard, M., 1996): puesto que el trabajo de teorización en este tema está lejos de presentar un modelo razonablemente satisfactorio, es imprescindible repensarlo una y otra vez.
Un tema de partida puede ser el que ofrece el estudio de las alianzas inconscientes entre los sujetos de un vínculo. Son varios los autores que han producido trabajos importantes sobre el tema, y vale la pena intentar un bosquejo de síntesis, aunque sea provisorio.
Didier Anzieu ha demostrado que un grupo (y podríamos aplicar sus hipótesis a cualquier vínculo) no puede organizarse ni mantenerse si no cumple con una doble tarea: la satisfacción de las necesidades adaptativas de sus integrantes (como sobrevivir en su ambiente, realizar sus posibilidades), y la de contener, permitir y favorecer el despliegue de sus respectivos mundos fantasmáticos. Esto marca dos series de fuerzas organizadoras del vínculo, que pueden interactuar, potenciarse o interferirse. Esto es lo que proponía W. R. Bion cuando describía el nivel de grupo de trabajo y el de supuesto básico, y nuevamente debemos insistir que la experiencia nos demuestra que esto ocurre no solo en los pequeños grupos.
Los integrantes de un vínculo deben establecer acuerdos respecto a sus expectativas a nivel de proceso secundario, condición de eficacia en lo que hace a la realización del proyecto compartido, y llegar, además, a alguna forma de ajuste en sus relaciones recíprocas, que satisfaga la necesidad de cada uno del conjunto, de utilizarlo para la proyección y satisfacción de sus motivaciones inconscientes.
En lo que hace al primer nivel de acuerdos, el manifiesto, no parecen manifestarse problemas complejos: la psicología social, con su concepto de motivación; las costumbres sociales, la ley, etc., han estudiado o instituido los modos y modelos de establecer parámetros adecuados para formas de vincularidad eficaces.
Es en el segundo nivel donde es menester investigar como se produce el implante del inconsciente en un vínculo, y que efectos produce, tanto en la relación misma, como en los sujetos singulares que la constituyen.
Partiremos, para estas reflexiones, de la metapsicología freudiana; pero teniendo en cuenta que si bien estos modelos dan cuenta del funcionamiento psíquico individual, en función las más de las veces de condicionantes internos al aparato, la cosa vincular se produce entre los sujetos. Se trata entonces de ver si los modelos metapsicológicos permiten la investigación de este intersticio, y si es necesario establecer en ellos alguna modificación ad hoc.
Freud elaboró varios modelos metapsicológicos, y, al final de su obra, introdujo la problemática de los clivajes intrasistémicos, en ocasión de la escisión del Yo en los procesos defensivos. Entre nosotros, J. Bleger, trabajando desde una teorización próxima a la de M. Klein retomó y desarrollo estos planteos, aplicándolos especialmente al estudio de lo que hoy llamamos patología del límite (límite del aparato psíquico, de los grandes cuadros psicopatológicos, de la capacidad de tratamiento del método analítico). Puso el acento en el clivaje del aparato, y del mantenimiento de un estrato separado del resto, funcionando con leyes peculiares. Describió los efectos de la depositación de este estrato en el vínculo, con el establecimiento de una sociabilidad sincrética (transubjetiva) entre sus componentes, que convive con la sociabilidad de rol. Escribió tambien acerca de su proyección e inmovilización en el encuadre psicoanalítico.
Es evidente que la postura de Bleger, que podemos agregar a la de autores argentinos contemporáneos , matiza, si no modifica, la metapsicología freudiana (me voy a referir aquí especialmente a la segunda tópica de 1923). Intentaré esquematizar un modelo posible de esta tópica, tomando como base el modelo del doble límite de Green (1990), agregando algunos aportes propios que pueden servir, a mi entender, para hacer que este modelo pueda aplicarse al estudio de los vínculos.

Green elabora su modelo partiendo de la tópica de 1915, a la que agrega el límite del aparato con el soma, a la izquierda, y el que se establece con el mundo exterior, a la derecha. Las flechas encima del esquema marcan la extensión de las categorías creadas en 1923, Yo, Ello y Super Yo, y el lugar que les correspondería aproximadamente en la tópica de 1915. El mundo exterior es el lugar donde habita el otro: es así el lugar del vínculo con los objetos.
Los dos extremos del aparato, los límites con el mundo exterior y con el soma, se crean, desde un enfoque genético, al mismo tiempo. Es el encuentro con el otro el que da lugar al nacimiento del aparato, y la generación, en un mismo acto, de sus límites. Las representaciones del vínculo con el otro -luego con los otros- va formando una trama psíquica cada vez más compleja, que actúa como instrumento de comprensión del mundo exterior y de los estímulos que provienen del cuerpo. Los límites establecidos en ambos extremos de este aparato son, así, un efecto de la estructura que contienen.
La pulsión es una exigencia de trabajo que, desde el soma, llega al aparato transformándose en sustancia propia de éste. Para eso debe encontrar la representación que, viniendo del otro, le de su sentido. En el decurso de su desarrollo el aparato reafirma sus límites, tanto con el soma como con el mundo exterior: hacia el final de complejo de Edipo la diferencia del otro, así como la inserción del sujeto en la diferencia de los sexos y la cadena de las generaciones, está lograda. La formación del Super Yo, al final de esta etapa, permite la afirmación de la estructura neurótica, con la posibilidad del despliegue (o no) de sus conflictos específicos.
Es importante tener en cuenta el establecimiento de la represión originaria. Muchos autores han opinado acerca de la constitución de este mecanismo de defensa; Freud mismo no fue muy claro respecto a su definición. A mi juicio, es la que se produce en el momento de la primera percepción de alteridad del otro, desterrando del aparato psíquico (o mejor dicho confinándolo en una sección especial, que llamaremos inconsciente originario) ese primer fondo representacional (P. Aulagnier, 1975) en que se mantiene la fusión entre sujeto y objeto. Pienso que lo que Bleger llamaba núcleo aglutinado no es otra cosa que el contenido y la estructura de este inconsciente originario. Su sustancia no es la fantasía inconsciente, como en el caso del inconsciente propiamente dicho, sino un bosquejo elemental de forma psíquica, el pictograma de que hablaba Piera Aulagnier. Quedan, de este modo, diferenciadas dos instancias en el aparato psíquico: el que corresponde a lo que Freud describiera en sus tópicas, y el inconsciente originario, el núcleo aglutinado (Bleger), con una barrera de clivaje entre ambos.
Es pensable que en encuentro con el otro el despliegue en el vínculo de estos distintos estratos del inconsciente formarán configuraciones diversas, impondrán leyes de juego diferentes. Ya definimos los acuerdos conscientes. ¿Qué podríamos decir de aquello que surge del intercambio de fantasías inconscientes, propias del inconsciente reprimido? Kaës ha puesto de manifiesto el carácter organizador, a partir de su poder atributivo y distributivo de lugares, del despliegue espacial de estas fantasías, especialmente las fantasías originarias . En su descripción del aparato psíquico grupal , la proyección inconsciente de cada uno de los sujetos de vínculo permite el intercambianbio de contenidos fantasmáticos, en un juego que hizo afirmar a D. Anzieu que los sujetos entran en el grupo como a un sueño, obteniendo resultados equivalentes en lo que hace a la satisfacción de deseos inconscientes. Lo manifiesto del vínculo funciona como resto diurno, disponible para el trabajo del despliegue inconsciente de los participantes. Si bien esto puede pensarse como especialmente viable para los integrantes de un pequeño grupo analítico de formación, en tanto y en cuanto su encuadre peculiar favorece esta dinámica, en parte ocurre en todo conjunto vincular.
Los contenidos reprimidos del sujeto singular abarcan al otro en sus proyecciones, lo modifican (el trabajo de la transferencia), le agregan algunas cualidades y suprimen otras. El vínculo, a partir de sus efectos, se enriquece, se matiza, entra en un interjuego complejo. Podemos pensar a estas vicisitudes como condición del establecimiento de acuerdos inconscientes, en tanto deben ser aceptados y respetados por las partes para que el vínculo sea capaz de sostener una de sus funciones: la de soporte de las proyecciones de lo inconsciente reprimido. La sustancia de este despliegue, como lo he sostenido en otros trabajos (Bernard, M., 1995, 1996), es la dramática compartida, el despliegue espacial de dramatizaciones inconscientes, más o menos ligadas a la cosa verbal. El trabajo psicoanalítico, aquí como en el encuadre bipersonal, debe estar destinado a levantar represiones, ampliar el campo de lo consciente, resolver transferencias neuróticas. Retomando la comparación con los mecanismos del sueño, cuando la actividad del conjunto vincular se separa demasiado del contrato manifiesto, se pone en juego un mecanismo de elaboración secundaria, que busca devolver a la situación su lógica de proceso secundario.
Otro es el problema del inconsciente no reprimido, el que está ubicado en un más-acá de la represión primaria, el que se establece a partir del clivaje del aparato psíquico. El inconsciente clivado existe en todos los sujetos, abarcando más o menos espacio psíquico disponible. La posibilidad de trastornos depende de este quantum: no necesariamente su despliegue es patológico. Es interesante comprobar, a partir del esquema que he propuesto, que corresponde, en lo que hace a ubicación y funciones, con la instancia freudiana del Ello.
En este contexto no podemos hablar de acuerdos. Si su característica primordial es desmentir los propios límites del aparato, con el correspondiente desconocimiento de los del otro, no podemos pensar en una intención de acordar algo con alguien a quien no se percibe. ¿Cómo podemos imaginar en mecanismo de un ajuste a estos niveles? Porque existen indudablemente en la normalidad, y el funcionamiento de las parejas simbióticas, los grupos burocratizados, las sectas, las familias de psicóticos da cuenta de su eficacia en la producción de patología.
Si a nivel de la consciencia y de los contenidos reprimidos los acuerdos se hacen per via di porre, es decir, agregando algo al vínculo que no estaba en los sujetos singulares antes de constituirse este, en el estrato de lo inconsciente no reprimido el proceso es per via di levare. El ideal narcisista no acepta en el otro nada que pueda dar cuenta de su alteridad; actúa entonces desmintiendo todo rasgo que la sugiera. Si el otro necesita el vínculo tan desesperadamente como para no poder prescindir de él, abandona todos esos rasgos que, al no ser reconocidos, le imponen una penosa angustia de no asignación en el deseo del otro, dedicándose a aquellos que sí encuentran respuesta (reconocimiento) de su partenaire. Si ambos están comprometidos en este juego, la relación que queda al fin del proceso organizativo es mucho menor, en lo que hace a posibilidades y matices, que la suma de lo que tenían cada uno por separado al comienzo. No ha habido acuerdos, puesto que el proceso se produce en la intimidad de cada sujeto, aunque sí algo que determina muchas veces una reducción significativa de las capacidades yoicas de cada uno. Pero cada cual no ha pactado nada con el otro. La frase que se escucha a veces en estos vínculos, frente a un reclamo de reconocimiento de un sacrificio en pro del otro, es "Pero yo no te lo pedí". Y es rigurosamente cierta. Habíamos mencionado antes el recurso de la elaboración secundaria en el despliegue vincular del inconsciente reprimido. Aquí, en los casos francamente patológicos, este rol lo cumple el relleno delirante de las brechas producidas por el mecanismo de la renegación.
En la literatura se denomina habitualmente pacto narcisista, o pacto renegativo, a este tipo de situaciones. El uso y la comodidad han instituído esta forma de denominarlos, pero es bueno recordar que pensarlos como un tipo de acuerdo entre partes es correr el riesgo de reificar algo que existe precisamente por la negativa.
En los casos que vemos habitualmente en la clínica podemos comprobar una proporción variable de todos estos mecanismos, en cualquier clase de vínculo que consideremos. Bleger había advertido que la depositación de los aspectos indiscriminados en el encuadre terapéutico se producía en todos los análisis, y no solo en los de pacientes con patología narcisista. Pero cuanto mayor sea la proporción de estas depositaciones narcisistas, más severa será la patología, y más reservado el pronóstico de cualquier tratamiento
El siguiente gráfico propone una definición de estas alianzas, de acuerdo al nivel del aparato psiquico en juego.
Instancia en juego Mecanismo de defensa Tipo de acuerdo
| Preconsciencia, Consciencia |
Proceso secundario |
Acuerdos conscientes |
| Contenidos reprimidos del Yo |
Represión |
Acuerdos inconscientes |
| Inconsciente clivado |
Renegación, clivaje |
Pactos inconscientes |
Bibliografía.
· Bernard, M. (1995) "Vínculo e inconsciente". Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de grupo, T° XVIII, N° 1, 1995.
· Bernard, M. (1996).- "Reflexiones sobre el concepto de transferencia en el psicoanálisis vincular". Revista de la asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, T° XIX, N°1, 1996.
· Bernard, M. (1999).- "Los organizadores del vínculo. De la pulsión al otro." Rvista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, T° XXII, N° 1, 1999.
· Bleger, J. (1967).- Simbiosis y ambigüedad. Paidos, Buenos Aires, 1967.
· Bleger, J. (1971).- "El grupo como institución y el grupo en las instituciones" Temas de Psicología. Nueva Visión, Buenos Aires, 1971.
· Green, A. (1990).- Confêrencias brasileiras. Metapsicología dos limites. Imago, Rio de Janeiro, 1990.
· Marucco, N. (1999) Cura analítica y transferencia. De la represión a la desmentida. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1999.
· Zukerfeld, R. (1996) Acto bulímico, cuerpo y tercera tópica. Paidos, Buenos Aires, 1996.
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